miércoles, 6 de febrero de 2013

Capítulo 9: La Paella.


Capítulo 9: La Paella.

Hoy no tengo ganas de salir del futón, sigo cansada del día de ayer. Mis compañeras siguen durmiendo plácidamente en sus respectivos futones. No sé que hora es, el móvil se me ha apagado esta noche, no debía de tener batería y ha debido de morir mientras escuchaba música. Será mejor que lo ponga a cargar.

La casa está en silencio, hoy lo agradezco, no sé siento la cabeza pesada. Yo y mi cabecita puñetera. Aunque desde que estoy en Seúl no me ha dado mucha lata.

Pongo el móvil  a cargar y me tumbo en el sofá mientras se enciende. Hoy es el día de la gran famosa paella. Espero que salga bien.

-¿Por qué siempre te despiertas tan temprano?
Ari se acaba de despertar, le hago sitio en el sofá y se sienta conmigo.
-No lo sé. – la verdad es que es raro que me despierte siempre tan pronto.
-Tengo sueño. – me dice mientras bosteza.
-¿Y por qué no sigues durmiendo? – ¿pregunta lógica? No lo sé…
-Pues porque no puedo seguir durmiendo. No sé, siento algo raro en el estómago. – me explica ella.
-¿Mariposas revoloteantes? – la pregunto sonriendo.
-No empieces, a parte ¿esa palabra existe? – me dice mientras se gira a mirarme.
-A pues no lo sé, pero sino existe yo la añado a mi diccionario particular. – la digo riendo.
-¿No te cansas? – me pregunta ella después de un momento de silencio.
-¿No me canso de qué? – sinceramente no he entendido esa pregunta.
-De cuidarnos. – me responde, pero al ver mi cara de no entender nada me sigue explicando – Quiero decir, se supone que yo soy mayor de edad, aunque aquí no lo sea pero podría cuidarme sola pero tú siempre estás ahí. Desde que hemos llegado cocinas todos los días, cuando nos despertamos te tenemos de referencia porque sabemos que tú ya vas a estar ahí.
-¿De qué habláis? – interrumpe Luchi en el salón.
-Ari me está tratando de explicar algo. – le digo mientras intento asimilar la información que me da la chica.
-Entiendo. – se limita a decir Luchi y se sienta en el suelo en frente de nosotras.
-Le estaba diciendo a Marta que si no se cansa de cuidarnos. – le continúa diciendo Ari.
-Ya veo. – le dice ella.
-No me canso. – empiezo a explicar – Para mí es algo normal, puede que esté como una regadera, no lo niego, pero siempre he sido esa clase de personas que se preocupan hasta de la más mínima cosa.
-Marta la histérica. – dice la maknae en esta ocasión mientras se sienta al lado de Luchi.
-Más allá de lo histérica que sea. Eso también depende de las cosas de las que se traten. Suelo ser una persona paciente y tranquila. Desde siempre he sido la más pequeña en todas partes y aun así yo era como la mamá de todos. – les explico mientras recuerdo en particular cierta época de mi vida, puede que la más importante – Eso a veces se convertía en un problema, mis amigos estaban mal de la cabeza, pero en el buen sentido claro. – con esto último no puedo evitar sonreír.
-Mamá Marta nos cuenta sus aventuras de sus tiempos mozos. – dice la maknae mientras me sonríe.
-No me digas así. – le reprocho mientras me da la risa – Me haces sentir como si tuviera cuarenta años. – ante este comentario el resto se empieza a reír.
-¿A qué viene tanta risa? – Silvia se acaba de levantar y nos acompaña en la conversación.
-Marta nos cuenta sus aventuras de cuando era joven. – dice la maknae a la recién llegada.
-¡Y dale! De esto no hace tanto tiempo, unos… - la verdad es que no recuerdo bien, a ver, sí lo recuerdo, pero parece que queda muy lejano - ¿Tres, cuatro años? Es igual, la cuestión es que yo siempre he sido la mamá corta rollos, amargada y rancia.
-¿Amargada y rancia? – me pregunta Luchi sin parecer entender.
-Sí, pero supongo que es porque siempre he tenido un poco el síndrome Wendy. No por eso es que me haya vuelto majareta de un día para otro. En verdad siempre he sido así. Pero cuando tus amigos suelen ser la mayoría chicos y a ninguno le importa romperse la cabeza pues te acabas convirtiendo en eso. Pero se acostumbraron rápido a eso. Llegó un momento en que lo hacían ya simplemente para molestarme.

Con esto último no puedo evitar sonreír levemente, hacía bastante que no me paraba recordar esas cosas. Realmente fueron buenos tiempos, quizás mi época de oro en la adolescencia, o quizás en toda mi vida. Siento que algo húmedo recorre mi mejilla.

-A no, eso sí que no, no te vas a poner a llorar. – me dice Ari.
-Que va, que va. – le digo mientras me río me río pero sin saber porqué no puedo parar – El llorar también forma parte de mi día a día.

Justo ahí llaman a la puerta, Silvia va a abrir y al igual que siempre el vecino llega para el desayuno con un montón de donuts.

-Buenos días. – nos saluda él con esa felicidad matutina que trae siempre.
-Buenos días. – saludamos el resto.
-¿Qué te pasa? – Je me mira a mí y yo como retrasada me intento quitar las lágrimas como si así no las fuese a ver.
-Nada, voy a preparar el desayuno. – le digo mientras intento evitarle.
-¿Qué le ha pasado? – vuelve a preguntar al resto.
-Simplemente se ha emocionado con algo que nos ha contado. – le dice Silvia mientras a la cocina.
-¿Seguro? – vuelve a preguntar él dejando la bolsa en la mesa e intenta hacer contacto visual conmigo.
-Tan segura como que hoy tengo que hacer una paella. – le contesto cuando por fin me sosiego y consigo mirarle.
-Está bien entonces. – me termina diciendo él.

Nos ponemos a desayunar, lamento lo de esta mañana, la verdad es que no sé qué me pudo pasar, pero ahora ya está todo bien.

Ando un poco perdida en el desayuno tengo la cabeza en otra parte, entre otras cosas estoy perdida en mis pensamientos. Y entre ellos está la paella, lo que me recuerda que no sé cuántos vamos a ser ni nada.

-¿Cuántos vamos a ser hoy? – pregunto de repente y todos se me quedan mirando - ¿Qué pasa?
-No nada, nos has sobresaltado. – me dice Ari.
-Vamos a ser once. – me dice Je, un poco serio para su costumbre.
-Vale, ¿quién va a comprar las cosas y todo? – pregunto.
-No te preocupes, nosotros lo llevamos todo. – me dice él con una sonrisa.
-Perfecto entonces. – finalizo a la vez que termino de desayunar – Me voy a duchar.

Salgo de la cocina, me voy a la habitación a por la ropa y después me empiezo a duchar.
No sé qué me pasa hoy. Estoy rara. Tengo la mente en otra parte. Hoy debería de ser un día divertido, pero no sé qué demonios me pasa.

Me termino de duchar, me seco y me visto. Cuando me estoy peinando paro y me miro en el espejo. No sé qué estoy viendo o qué quiero mirar… Pero no veo nada. Parpadeo una, dos y tres veces. Pero no cambia nada. Piensa Marta.

Me inclino en el lavabo e intento respirar hondo. Pasa una imagen fugaz por mi cabeza. Ahí están todos. Los cinco. En particular ellos cuatro. Empiezan a pasar miles y miles de fotogramas por mi cabeza y por cada uno de ellos cae una lágrima.

La respiración empieza ser costosa, me da tos. Y empiezo a oír una voz detrás de la puerta.

-Marta, ¿estás bien? – es la voz de Ari, pero no me siento capaz de contestar.
-¿Qué pasa? – es Luchi en esta ocasión.
-No sé es Marta, no me contesta, pero escucha. – le responde Ari.

Quizás sea mi respiración que se escucha, o los sollozos entre cortados. Pero no entiendo porqué ha tenido que salir todo esto ahora. Sigo escuchando las voces detrás de la puerta.

-Marta, vamos a entrar. – en esta ocasión es la voz de Silvia.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que me terminé de duchar? Tampoco lo sé. Hace mucho que no me dan bajones así. Pero continúan pasando las imágenes por mi cabeza: esa noche en casa de ella, esa tarde en la casa de mi abuelo de la montaña, esa siesta en la casa de la playa. Las lágrimas se multiplican. No sé que fue de cuatro de aquellas cinco personas. Quizás hice algo mal. No lo sé…

La puerta del baño se abre, solo escondo la cabeza entre mis rodillas. ¿Cómo he acabado así? Una vez más tampoco lo sé.

-Marta, ¿qué te pasa? – es Je esta vez, con un tono de voz firme y serio, pero no soy capaz de levantar la cabeza y mucho menos de contestar.
-Marta, ¿por qué no nos dices nada? – la maknae también está viendo mi esto, perfecto, que bonita imagen estoy dando y aun así la voz no sale.
-¡MARTA! – la voz de Je consigue poner en alerta mis neuronas y con sus manos sujeta mi rostro.

El contacto visual es inevitable, leo en su mirada preocupación e impotencia. Las demás deben de estar igual. Soy lo peor. Aún no puedo dejar de llorar. Siento como los brazos de él me rodean y me abrazan con fuerza. Escondo mi cara en su cuello. No quiero que las demás me vean mal. Se supone que soy yo la que cuida de ellas.

Mientras los dos seguimos ahí en el suelo, mi respiración empieza a ser normal, a calmarse. Las lágrimas empiezan a desaparecer. Él me sigue abrazando con la misma fuerza.

Cuando parece que ya estoy medianamente en mi vuelve a sujetar mi cara entre sus manos. Y sin volver a saber porqué sonrío. Veo como a él también se le dibuja una sonrisa en la cara. Eso hace que me sienta estúpida, pero no puedo evitar sentirme feliz por un instante.

Me pongo de pie con su ayuda y veo a las cuatro chicas ahí paradas. No me gustan sus caras, expresan miedo, preocupación e impotencia, como la de Je hace unos instantes. Lo que hace que intervenga rápido para que ellas se tranquilizasen.

-Venga, ya está. – intento decir lo más firme posible – Ha sido un momento de bajón, pero ya está todo bien.
-¿Estás segura? – me pregunta Luchi.
-Sí, estoy segura. – les digo sonriendo – Venga a ducharse y vestirse que se va a hacer tarde.

Ellas ahora también me sonríen. La Marta de todos los días ha vuelto y no se va a volver a ir.
Me siento en el sofá y Je me acompaña mientras las demás se preparan. Todo vuelve a la normalidad. Vuelven los gritos y las risas a la casa. Las chicas se pelean por el baño y la primera en acabar es Ari. Una vez más se sienta a mi lado, pero esta vez me da un achuchón que hace que me sienta mejor.

-Que bien, que ya estés mejor. –me dice ella.
-Mejor no, ya estoy bien del todo. – le digo.

Siento como en la mano que me sujeta Je aumente la presión y yo también la aumento. Me da fuerza y entereza, justo lo que necesito ahora.

Ya están todas listas, estaban todas muy guapas, como siempre, pero la maknae se veía distinta, quizás solo son imaginaciones mías, cuando nos disponemos a salir. Les paro un momento.

-Un segundo, quiero ir al baño. – cuando lo digo todos se giran a mirarme – Tranquilos está todo bien.

Voy al baño, una vez más me miro en el espejo, ¡horror!

-¡Pero qué mierda! – es lo único que soy capaz de decir al ver mi cara, pero mi susto debe de asustar a Je y las demás lo que hacen que vengan corriendo a ver que pasa.
-¿Qué pasa? – pregunta Silvia alterada.
-¡Qué estoy horrible! Tengo la cara hinchada y roja. No puedo ir así por la calle. – digo mientras dejo de observar mi cara ya que podría empezar a llorar en cualquier momento a causa de tal desastre.
-No digas tonterías. – me dice Je cogiéndome del brazo y arrastrándome fuera de la casa – Estás perfecta.

Je nos hace coger dos autobuses. Acabamos en un sitio alejado de la mano de Caos. Solo hay una carretera campo y un pequeño sendero.

Cogemos el sendero, la verdad es que todo es muy bonito, a pesar de que algunas zonas estén secas, las flores de verano le dan un buen contraste. Hago a los demás parar, me pongo a hacer fotos a todo, incluso a un insecto que parecía un saltamontes que cuando le hice la foto salta y salgo corriendo mientras grito. Sí, esto sirve de mofa al resto, pero me da igual, la foto ha quedado bien.

Cuando llegamos a una gran explanada es igual que el campo que había a los lados del sendero. Pero aquí hay mesas de madre junto a lo que parecen ser barbacoas de ladrillo. En algunas se ve a gente ya haciendo la comida. Unos parecen estar haciendo una barbacoa normal y corriente, otros tienen ollas cuyo contenido desconozco. Y a lo lejos veo a un chico haciendo el ganso intentando llamar nuestra atención.

-Mirar allí están. – dice je.

Nos dirigimos todos al lugar y hacemos las presentaciones de las dos nuevas compañeras que llevábamos.

-Bueno, ¿Cuándo se empieza a hacer la paella? – pregunta Dong Ri.
-Empiezo cuando me digáis. – les digo.
-Pues venga empieza, que se nos va a hacer la hora de la comida de un momento a otro. – Me dice la maknae emocionada.
-Pues venga, que empiezo. – les digo mientras me dirijo a la paellera.

Es muy grande, jamás he hecho una paella para tantas personas. Pero no creo que cambie lo básico, solo la cantidad. Comienzo con la tarea, el fuego me lo encienden entre Je y Soo Ki. Jamás he encendido nada con carbón así que su intervención es elemental.

Voy echando todo a la paellera, lo bueno es que me lo han comprado todo limpio y troceado, lo que adelanta mucho el trabajo.  De vez en cuando me viene a visitar a mi área de trabajo y me hacen comentarios.

-Tiene buena pinta. – me dice Hyo Rim asomándose a la paellera.
-Gracias, pero esto solo es el principio. – le digo intentando mover todo para que no se pegue.
-Seguro que está buenísimo. – me continúa diciendo ella.

Mientras que lo dejo un poco para que se vaya haciendo antes de seguir añadiendo ingredientes miro a ver qué hacen los demás. Ari está con Dong Ri, Je, Rae Seok y Luchi sentados en una especia de esterilla gigante que habían puesto a la sombra. Y la maknae estaba con Hyo Rim, Soo Bin, Silvia y Soo Ki.

Je se da cuenta de que los estoy mirando y viene a donde estoy con un refresco.

-Toma, viene bien para el calor. – me dice mientras me da la botellita de zumo con una de sus particulares sonrisas.
-¡Gracias! – le digo cuando doy el primer sorbo, está fresquito y hace mucho calor.
-¿Cómo va? – me pregunta mientras mira lo que iba a ser nuestra futura comida.
-Pues de momento bien. No sé como terminará, pero de momento va bien. – le digo mientras doy otro sorbo.
-Huele muy bien al menos. – me continúa animando él en mi tarea.
-Eso está bien. – termino diciéndole.

Se queda a mi lado haciéndome compañía cuando vemos a Ari ser perseguida por Dong Ri. No lo entiendo, pero al final ella es capturada y es arrastrada entre los brazos de él hasta donde se encontraban en un principio. Ambos ríen y eso hace que algo en mi vuelva a estar mal.

-Esto no me gusta. – digo en voz alta olvidándome de mi acompañante.
-Creo que sé a que te refieres.

Je en ese momento me sobresalta pero no solo porque me he olvidado de su presencia y su voz me pilla de improvisto sino porque me abraza por la espalda y noto como su respiración me roza el cuello y me da un escalofrío, lo que hace me aferre a la cuchara de madera.

-Lo estáis haciendo todo muy complicado. – sigo diciendo en voz baja.
-Mira un momento a tu alrededor. – me dice y así hago – todos están bien, ¿no?
-Eso parece. – es lo único que soy capaz de decir.
-Pues deja de pensar en el mañana y piensa en el hoy. – me dice en un susurro.
-Eso es fácil decirlo cuando en el presente se es feliz y no se ve más allá. – digo sin elevar la voz.
-Sé lo que esto conlleva. Y no sé cómo va a acabar, pero lo que importa es que hoy estamos pasándolo bien y tienes que terminar la paella, antes de que todos nos muramos de hambre y nos acabemos comiendo entre nosotros.

Ese comentario me hizo mucha gracia, y me empecé a reír. De repente aparece la maknae montada a caballito en la espalda de Soo Ki, lo que hace que me dé más la risa. La makne se baja y empieza mirar fijamente la comida.

-Esto pinta bien. – dice finalmente.
-¿Acaso dudáis de mis capacidades culinarias? – les digo indignándome.
-Que va, para nada. Todo lo contrario. – me dice en esta ocasión Soo Ki.
-Gracias oppa. – le digo por el cumplido.
-¿Cómo va eso? – me pregunta ahora Soo Bin, se me hace raro que me hable.
-Bien, va bien. – tengo que echar el arroz pero me pongo nerviosa de que todos me estén mirando.
-Marta, ¿le queda mucho? – me pregunta Silvia, en su repentina aparición.
-No, ya está todo, solo queda hacerse el arroz.
-Bueno pues os esperamos en la mesa pues. – dice Soo Bin, mientras me vuelve a dejar sola con Je.

Ya han pasado los 20 minutos que se tardan en hacer el arroz. Je y yo llevamos la paellera a la mesa que se habían encargado ya los demás de preparar. Entre Je y yo la repartimos a los demás y aun así sobra un poco. Cuando todos empiezan a comer vuelven a felicitarme por el trabajo.

-Está increíble Marta. – me dice Dong Ri, mientras come.
-De verdad. Está buenísima. – me dice esta vez Hyo Rim.
-Muchas gracias. – es lo único que soy capaz de decir.
-Creo que podría alimentarme a base de esto y de tortilla de patatas. – dice Rae Seok.
-Te acabarías cansando. – le dice Luchi.
-Es complicado cansarse de esto. – le dice ahora Soo Bin.
-Bangs no hace falta que vayáis a España. ¡Marta está aquí con la paella! – salta la maknae devorando la comida.

Con ese comentario todos nos empezamos a reír, yo casi me ahogo con el arroz.
No tardamos mucho en terminar de comer y la maknae y Soo Ri repitieron terminándose lo que quedaba en la paellera.

Después nos sentamos todos en la esterilla. Se está de maravilla. La makane sigue contando historias ridículas que nos pasaban cuando empezamos con la VIP Family. La verdad es que es perfecto, todos nos reímos. De vez en cuando Luchi, Silvia o Ari intervienen en ellas, yo me limito a escucharlas. La verdad es que nos ha pasado de todo en poco tiempo.  La imagen era bonita, todos ahí riendo como si nada.

Esto hace que me escabulla un instante y solo Je se da cuenta de mi movimiento. Cojo la cámara y en silencio vuelvo. Y de un momento a otro se escucha el ruido del objetivo y todos me miran con la cámara en la mano.

-¡Eh! No vale. – me dice la maknae.
-Nos podrías haber avisado. – dice Dong Ri.
-¡No! Porque sino no habría quedado igual. – digo en mi defensa – Venga, que os hago una foto a todos.

Todos se pusieron y les hice una foto. Luego puse la cámara en la mesa y con el temporizador nos la hicimos todos juntos. Sigo haciéndoles fotos ridículas. Hasta que hago una que hace pararme. La foto es de Soo Bin, sale perfecto, la pose, la luz, el enfoque todo. Tenía que reconocer que el más guapo de todos era Soo Ki, pero esa foto hacía que Soo Bin pareciese de anuncio.

-¿Qué pasa? – me pregunta Ari mirando la pantallita de la cámara.
-Nada, mira que guapo. – le digo mientras le enseño la foto.
-¡Uy! Pues llevas razón, vamos a enseñársela. – me dice mientras tira de la cámara aún sujeta a mi cuallo.
-¡Mira oppa qué guapo! – le dice mostrándole la foto.
-Oh… No está mal. – dice él mirándose.
-¿Qué no está mal? – le pregunto incrédula – Pero si sales perfecto.
-¿A ver? – pregunta Silvia – Quiero verla.

Ari tirando de mi cuello de nuevo le enseña la foto a Silvia.

-Pues sí, sale muy guapo.
-Oppa eres muy fotogénico. – dice Luchi que se había acercado también a ver la foto.
-¡Gracias! – dice él ante el cumplido.

Me quedo sin memoria en la tarjeta, por lo que me acerco a  la mochila para ponerle una vacía. Ari me pide la cámara para hacer fotos ella. Y una vez más comienza la lluvia de fotos. Todos hacen poses graciosas, la maknae casi se mata por hacer el ganso con Soo Ki, pero no pasa nada.

Me siento a donde estaba en un principio. Je se pone a mi lado y veo a Ari que se nos pone delante. Nos limitamos a sonreír al objetivo. Y la chica vuelve a donde se encontraban los demás.

En ocasiones pienso que Je se lo podría pasar mejor sino se la pasase conmigo. Pero ya no le insisto es inútil, hace lo que le da la gana. En ese instante Luchi se sienta a nuestro lado.

-Hacía tiempo que no me lo pasaba así. – dice ella mirando a donde estaban todos.
-Me alegro de que te lo pases bien. – le digo.
-¿Por qué no vienes con los demás? – me pregunta.
-Estoy bien aquí, no te preocupes. – le digo yo con una sonrisa.
-¡Luchi! – grita Silvia – ¡Ven corre!

Luchi se va con los demás y empiezan a hacer cosas raras, siguen con las fotos. Sí, por un momento temo por la cámara, pero se lo están pasando bien y yo me divierto viendo las tonterías que hacen.
En esta ocasión es Silvia la que empieza a gritar mientras es perseguida por Soo Bin, las razones las desconozco, pero Luchi sale corriendo en su ayuda.

-¿Qué tal? – me pregunta Je de repente.
-Bien. – le digo sin apartar la mirada de nuestros amigos.
-No quiero volver a verte como esta mañana. – me sigue diciendo.
-Tranquilo, no sé que me ha pasado. – le explico – Hacía mucho que nos pensaba en esas cosas.
-Me da igual lo que haya sido. – me dice mientras apoya su frente en la mía – Pero no quiero volver a verte así.

Se siente bien de esta forma, nuestras frentes están juntas y nuestras puntas de la nariz se rozan. En ese momento los gritos de Luchi nos hacen regresar, estaba siendo arrastrada por Rae Seok. Tampoco sé porque pero los demás no se paraban de reír.

Cuando pasa un rato todos vienen a donde nos encontramos, empieza a hacer tarde, por lo que nos ponemos a recoger todas las cosas.

La vuelta fue tranquila, todas cuentan las cosas graciosas que han pasado. Je se ríe con ellas, pero una vez más mi cabeza se encuentra un poco saturada, aun así yo también me río con ellas.

Cuando estamos en casa, Je pide comida china. Y cuando nos la traen nos ponemos a cenar.

-¿Qué hacemos mañana? – pregunta Silvia.
-Yo voto, por día tranquilo en casa. – le digo con miedo pensando que me empezaría a gritar diciendo que quiere hacer cosas.
-Me parece bien. – dice Luchi en esta ocasión.
-Así cogéis fuerzas para el viernes, me parece bien también. – comenta Je.
-¿Pero qué vamos a hacer el viernes? – pregunta frustrada la maknae.
-Ya lo veréis, el viernes por la mañana os lo digo. – nos dice él.
-Vale, calendario, sáltate el día de mañana. – dice Ari.

Cuando terminamos de cenar Je se va a su apartamento y nosotras nos vamos a dormir, estamos cansadas del día de hoy. Y afortunadamente mañana no tenemos prisa de ir a ninguna parte.

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