Capítulo 14: Instintos asesinos.
Hace calor, siento que las sábanas del futón se pegan al
cuerpo. Que cosa más molesta. Yo quiero dormir, no es que sea una de las cosas
que más me gusten pero hoy no me quiero despertar. Es tarde para eso, pero me
niego a abrir los ojos, con un poco de suerte y me vuelvo a dormir. ¿Por qué
arde el futón? En este lado parece que está más fresquito. ¿Las demás seguirán
durmiendo? No voy a abrir los ojos para comprobarlo.
-¡Je oppa! – oigo gritar a Silvia - ¿Has despertado ya a Marta?
¿Qué está diciendo? ¿Por qué habla en coreano a estas
horas? ¿Qué horas es? ¿Dónde demonios están mis gafas? ¡Oh, aquí están! Me las
consigo poner pero sigo sin querer abrir los ojos. ¡Espera! ¿Silvia dijo Je?
Abro los ojos por fin y…
-¡Ahhhh!
-Tranquila, no grites. – me dice Je riéndose.
-¡Me has pegado un susto de muerte! – le digo mientras el corazón me va a mil por hora.
-¿Qué pasa? – pregunta Ari asomándose por la puerta de la habitación.
-¡QUE EL RETRASADO ESTE HACE QUE CASI ME DE UN INFARTO! – empiezo a gritar mientras le pego a Je con la almohada en la cabeza.
-Ya le ha dado la locura. – dice Ari dándose media vuelta ignorando la escena.
-Marta tranquilízate. – me dice mientras me quita la almohada y me agarra para que no lo mate.
-¡No me toques! – le grito.
-¿Pero qué te ha dado? – me pregunta él como si estuviera loca.
-¡Que me sueltes! – vuelvo a gritarle - ¡No me toques!
-¿Por qué? – continúa preguntando.
-¡Porque me acabo de despertar y estoy pegajosa! – sigo gritándole, pero él lo único que hace es empezar a reírse - ¿Qué te hace tanta gracia? – pregunto yo ahora sin entender nada.
-Tú, me haces gracia. – me suelta tan fresco.
-Vate a la mierda.
-Tranquila, no grites. – me dice Je riéndose.
-¡Me has pegado un susto de muerte! – le digo mientras el corazón me va a mil por hora.
-¿Qué pasa? – pregunta Ari asomándose por la puerta de la habitación.
-¡QUE EL RETRASADO ESTE HACE QUE CASI ME DE UN INFARTO! – empiezo a gritar mientras le pego a Je con la almohada en la cabeza.
-Ya le ha dado la locura. – dice Ari dándose media vuelta ignorando la escena.
-Marta tranquilízate. – me dice mientras me quita la almohada y me agarra para que no lo mate.
-¡No me toques! – le grito.
-¿Pero qué te ha dado? – me pregunta él como si estuviera loca.
-¡Que me sueltes! – vuelvo a gritarle - ¡No me toques!
-¿Por qué? – continúa preguntando.
-¡Porque me acabo de despertar y estoy pegajosa! – sigo gritándole, pero él lo único que hace es empezar a reírse - ¿Qué te hace tanta gracia? – pregunto yo ahora sin entender nada.
-Tú, me haces gracia. – me suelta tan fresco.
-Vate a la mierda.
Me levanto por fin ignorando al que me acompaña en la
habitación y cojo ropa limpia del armario. Lo mejor es que me dé una ducha.
-¿A dónde vas? – me pregunta Je.
-¿Acaso te importa? – pregunto yo en esta ocasión sin mirarle a la cara.
-Pues a mí no… - empieza a decirme – Pero puede que a ti sí si sales al salón así estando Soo Ki en él.
-¿Qué está quién?
-Soo Ki, ayer dijo que vendría. – me responde.
-Es verdad… - digo haciendo memoria – Por favor, ¿podrías llevarlo a la cocina en lo que tardo en ir de la habitación al baño? Son dos segundos.
-No hay problema.
-¿Acaso te importa? – pregunto yo en esta ocasión sin mirarle a la cara.
-Pues a mí no… - empieza a decirme – Pero puede que a ti sí si sales al salón así estando Soo Ki en él.
-¿Qué está quién?
-Soo Ki, ayer dijo que vendría. – me responde.
-Es verdad… - digo haciendo memoria – Por favor, ¿podrías llevarlo a la cocina en lo que tardo en ir de la habitación al baño? Son dos segundos.
-No hay problema.
Je sale de la habitación, y vuelve para decirme que ya
puedo salir. Así hago y me meto en el baño. No tardo mucho en ducharme y en
vestirme. Tampoco es que me tenga que arreglar, simplemente estar un poco
decente y presentable.
Cuando termino de prepararme recojo el baño, no es
cuestión que lo deje todo hecho un desastre y menos teniendo visita, aunque con
Je aquí todos los días son fiesta como quien dice. Ya está todo listo y por fin
salgo del baño.
-Hola. –
saludo viendo nada más salir a Soo Ki sentado en el sofá.
-Buenas tardes. – me dice él.
-¿Tardes? – pregunto confusa.
-Ya es la hora de comer. – me dice Luchi.
-¿¡Qué!? – pero, ¿están locas? - ¿¡Por qué no me habéis despertado antes!? – ¿cómo he podido dormir tanto?
-Mandamos a Je que lo hiciera. – empezó a decir Luchi.
-Sí, pero creo que falló en su misión. – continúa Ari.
-¿Qué más da que se despierte antes que después? – pregunta él.
-Pues no da igual. Tengo cosas que hacer, ¿sabes? – le digo indignada.
-Deja de quejarte, por la cara que tenías te hubieras quedado durmiendo tres décadas más. – sigue diciendo Je.
-¡Me sacas de mis casillas niño! – le espeto en la cara.
-¿Niño? – me pregunta él.
-Perdón, ya te digo que me pones de los nervios. – digo yéndome a la cocina.
-Definitivamente no la volvemos a dejar dormir tanto. – oigo decir a la maknae.
-Vaya despertar más malo. – oigo decir a Silvia en esta ocasión.
-Luego se le pasa seguro.
-Buenas tardes. – me dice él.
-¿Tardes? – pregunto confusa.
-Ya es la hora de comer. – me dice Luchi.
-¿¡Qué!? – pero, ¿están locas? - ¿¡Por qué no me habéis despertado antes!? – ¿cómo he podido dormir tanto?
-Mandamos a Je que lo hiciera. – empezó a decir Luchi.
-Sí, pero creo que falló en su misión. – continúa Ari.
-¿Qué más da que se despierte antes que después? – pregunta él.
-Pues no da igual. Tengo cosas que hacer, ¿sabes? – le digo indignada.
-Deja de quejarte, por la cara que tenías te hubieras quedado durmiendo tres décadas más. – sigue diciendo Je.
-¡Me sacas de mis casillas niño! – le espeto en la cara.
-¿Niño? – me pregunta él.
-Perdón, ya te digo que me pones de los nervios. – digo yéndome a la cocina.
-Definitivamente no la volvemos a dejar dormir tanto. – oigo decir a la maknae.
-Vaya despertar más malo. – oigo decir a Silvia en esta ocasión.
-Luego se le pasa seguro.
En esta ocasión es Soo Ki el que habla. Que bonita
imagen de mí misma acabo de dar. ¡Óle yo! Sí es cierto, dormir mucho casi que
me sienta peor que dormir poco. Pero yo estaba feliz hasta que le vi la cara al
pavo de Je. A quién se lo ocurre quedarse mirando a alguien mientras duerme. Y
para colmo casi me mata del susto. Luego la loca soy yo, pues aquí hay alguno
que se lo tendría que hacer mirar. Tampoco quería ofender a nadie con lo de
niño. Me salió solo… ¿Llaman a la puerta? Por los gritos de la maknae debe
de ser la comida. Escucho todo el jaleo que tienen montado en el salón pegándose
por si esto es mío o esto es del otro.
-GD, sálvame. – digo mientras apoyo la cabeza en la mesa
con la vaga idea de volver a dormir.
-Siento decir que GD no está aquí. – no, está claro que ya no voy a poder dormir más.
-Pues es una lástima. – digo sin levantar la cabeza.
-¿No quieres comer? – pregunta mientras siento que se sienta delante de mí.
-Voy a acabar harta de tanta comida de chinos. – digo mirando el paquete de comida tailandesa.
-¿Comida de chinos? – pregunta confuso – La hemos pedido del tailandés.
-¡Ya sé que no es comida china! – vuelvo a gritarle.
-Siento decir que GD no está aquí. – no, está claro que ya no voy a poder dormir más.
-Pues es una lástima. – digo sin levantar la cabeza.
-¿No quieres comer? – pregunta mientras siento que se sienta delante de mí.
-Voy a acabar harta de tanta comida de chinos. – digo mirando el paquete de comida tailandesa.
-¿Comida de chinos? – pregunta confuso – La hemos pedido del tailandés.
-¡Ya sé que no es comida china! – vuelvo a gritarle.
No me responde. Vale, me he vuelto a pasar. No sé a que
venía ese comentario, ni por qué estoy tan irritable. No puedo evitar mirarle,
la verdad es que tampoco sé describir con que cara me está mirando… Pero me
siento mal por como lo hace.
-Lo siento, no sé que me pasa. – intento disculparme.
-Pues si no lo sabes tú… - me dice él con tono seco.
-No me gusta que me hables así. – digo mirando hacia la esquina de la cocina.
-Es curioso, a mí no me gusta que me grites y lo haces. – me dice mientras se levanta de la silla con la comida y sale de la cocina.
-Pues si no lo sabes tú… - me dice él con tono seco.
-No me gusta que me hables así. – digo mirando hacia la esquina de la cocina.
-Es curioso, a mí no me gusta que me grites y lo haces. – me dice mientras se levanta de la silla con la comida y sale de la cocina.
Quiero gritarle que lo siento y no se vaya, pero no
puedo. Los gritos se ahogan en el pecho haciendo que me duela. Realmente no sé
que demonios me pasa hoy. Oigo cerrarse la puerta de la calle.
-¿Quién
se ha ido? – pregunto sin saber como he llegado al salón.
-Je. – Me dice Ari.
-¿Por qué? ¿A dónde? – no sé porqué pregunto tanto.
-No sé, ha dicho que se iba a casa. – me responde Silvia.
-Simplemente ha cogido la comida y se ha ido. – continúa diciendo la maknae.
-Je. – Me dice Ari.
-¿Por qué? ¿A dónde? – no sé porqué pregunto tanto.
-No sé, ha dicho que se iba a casa. – me responde Silvia.
-Simplemente ha cogido la comida y se ha ido. – continúa diciendo la maknae.
¿Por qué se ha ido? Me quedo un momento parada en medio
del salón. Y de un momento a otro mis piernas se mueven solas hacia el
apartamento de Je.
-¿Marta? –
oigo preguntar a Luchi, pero no recibe ninguna respuesta.
-Déjala. – oigo decir a Soo Ki un instante antes de cerrar la puerta. No sé porqué pero este chico cada día me cae mejor.
-Déjala. – oigo decir a Soo Ki un instante antes de cerrar la puerta. No sé porqué pero este chico cada día me cae mejor.
Me hallo parada delante de la puerta de Je. ¿Por qué
dudo ahora en llamar? Definitivamente hoy no me debería haber despertado. Me
decido a llamar y el corazón me va a mil por hora. No debería haber llamado.
-¿Qué quieres? – me pregunta cortante cuando abre la
puerta.
-Hola. – es lo único que me sale decir.
-Hola. – dice sin cambiar el tono.
-Hola. – es lo único que me sale decir.
-Hola. – dice sin cambiar el tono.
No soy capaz de mirarle a la cara. Tampoco sé que decir.
No sé si quiera que hago aquí parada.
-¿Querías algo? – pregunta en ese tono que sienta como
si te clavasen algo.
-Pues…
-Pues…
¡Pero y yo que sé que quiero! No sé que mierdas estoy
haciendo. Me estoy poniendo nerviosa y esta situación me la he buscado yo
solita. Y encima la presión en el pecho se hace más grande, que mierda de todo.
-Vuelve cuando sepas lo que quieres. – me dice como una
lija cuando se dispone a cerrar la puerta en mis narices.
-¡Espera! – grito parando la puerta antes de cerrarse.
-¿Qué?
-¡Espera! – grito parando la puerta antes de cerrarse.
-¿Qué?
No sé si es un impulso de esos involuntarios o qué. Pero
no puedo evitar frenar la puerta y cuando vuelve a abrirla y me pregunta algo
que no logro oír le abrazo como si fuese lo último que vaya a hacer en esta
vida. Y si ya no entiendo bien lo que hago y me pasa, me pongo a llorar.
Exacto, todo muy normal.
Oigo como Je cierra la puerta detrás de mí y me responde
el abrazo. No puedo negar que se siente bien. Es reconfortante. Poco a poco
siento como ese dolor del pecho desaparece.
-¿Y esto? – me pregunta él serio pero sin ser cortante y
seco.
-Cuando me hablas mal, se me pone un dolor aquí. – digo señalando el pecho – Y cuando me abrazas se pasa.
-Cuando me hablas mal, se me pone un dolor aquí. – digo señalando el pecho – Y cuando me abrazas se pasa.
No dice nada y me vuelve a abrazar. Pierdo la noción del
tiempo.
-Lo siento, no sé que me pasa hoy. – vuelvo a
disculparme sin soltarme del agarre – No sé a que venía lo de la comida.
-No pasa nada. – dice él en un susurro – Y perdóname tú por como te he hablado, no quería hacerte daño ni mucho menos.
-La culpa solo es mía yo lo he empezado todo.
-Bueno, fui yo el que te cabreó cuando despertaste. – me dice él con una sonrisa separándose de mí.
-Ahí no te quito razón casi me da un infarto.
-No pasa nada. – dice él en un susurro – Y perdóname tú por como te he hablado, no quería hacerte daño ni mucho menos.
-La culpa solo es mía yo lo he empezado todo.
-Bueno, fui yo el que te cabreó cuando despertaste. – me dice él con una sonrisa separándose de mí.
-Ahí no te quito razón casi me da un infarto.
Él empieza a reírse, este es el Je de siempre.
-¿Comemos? – pregunta.
-No me he traído mi comida.
-Tranquila, hay comida para los dos.
-No me he traído mi comida.
-Tranquila, hay comida para los dos.
Prepara en dos platos la comida que había traído de casa
y nos ponemos a comer. Estamos en silencio, pero es un silencio agradable, para
nada incómodo. Cuando terminamos le ayudo a limpiar y a recoger. Finalizada la
tarea nos sentamos en el sofá, más bien se tumba y me tuba con él, como cuando
estábamos en la cafetería.
-Podríamos estar así siempre. – dice.
-¿Así como? – pregunto confusa.
-Como estamos ahora.
-Hay cosas que hacer más interesantes en esta vida que estar tumbados en el sofá de tu casa. – le digo expectante a su respuesta.
-Sí tienes razón, hay cosas más interesantes que hacer. – dice en un susurro poniéndome los pelos de punta.
-¿Sabes qué? – empiezo a decir – En ocasiones me pregunto que intentas con todo esto.
-Otra vez no Marta. – dice él resignado – ¿Por qué lo estropeas? ¿Cuál es tu problema?
-¿Cómo que mi problema? – ¿no ha notado que mi problema es él y una manada de personajes más que parecen no darse cuenta de la verdad?
-Imaginemos una situación. – comienza a decir de nuevo.
-Algo me dice que esto no me va a gustar.
-Calla y escucha. – así hago – Imagina que mañana se va a acabar el mundo. ¿Por qué no intentas disfrutar un poquito del hoy?
-¿Qué probabilidades hay de que mañana se acabe el mundo? – digo evitando su pregunta.
-Vas a acabar con mi paciencia. – me responde riendo.
-Creo que hoy ya acabé con ella.
-Cierto.
-¿Así como? – pregunto confusa.
-Como estamos ahora.
-Hay cosas que hacer más interesantes en esta vida que estar tumbados en el sofá de tu casa. – le digo expectante a su respuesta.
-Sí tienes razón, hay cosas más interesantes que hacer. – dice en un susurro poniéndome los pelos de punta.
-¿Sabes qué? – empiezo a decir – En ocasiones me pregunto que intentas con todo esto.
-Otra vez no Marta. – dice él resignado – ¿Por qué lo estropeas? ¿Cuál es tu problema?
-¿Cómo que mi problema? – ¿no ha notado que mi problema es él y una manada de personajes más que parecen no darse cuenta de la verdad?
-Imaginemos una situación. – comienza a decir de nuevo.
-Algo me dice que esto no me va a gustar.
-Calla y escucha. – así hago – Imagina que mañana se va a acabar el mundo. ¿Por qué no intentas disfrutar un poquito del hoy?
-¿Qué probabilidades hay de que mañana se acabe el mundo? – digo evitando su pregunta.
-Vas a acabar con mi paciencia. – me responde riendo.
-Creo que hoy ya acabé con ella.
-Cierto.
¿Por qué me siento tan bien así? No puedo evitar
deslizarme por el sofá de forma que los dos encajamos a la perfección.
-Si el mundo se tiene que acabar mañana, prefiero que se
acabe hoy así.
-Pues yo prefiero que no se acabe nunca y estar siempre así.
-Pues yo prefiero que no se acabe nunca y estar siempre así.
No puedo evitarlo y me da un ataque de risa. Por el amor
a GD. Cómo puede ser tan fresa, de dónde sacó eso. Seguro que es un enfermo a
ver doramas o algo. No en serio, me va a dar algo. Me duele el estómago de la
risa.
-¿De qué te ríes? – me pregunta confuso.
-De ti. – digo intentándome controlar.
-¿Cómo que de mí? – pregunta indignado en esta ocasión.
-¡Oye! Tú te ríes de mí todas las veces que quieres, yo también tengo derecho a reírme de ti de vez en cuando. – le respondo intentando incorporarme pero sus brazos no me lo permiten.
-No te vas. – dice él apretando más fuerte.
-No iba a ninguna parte solo me quería poner derecha.
-Pues no quiero. – termina diciendo como un niño caprichoso.
-¿Y si vamos a casa? – pregunto.
-No, ¿por qué? – se queja.
-Porque quiero ver que hacen estos. – digo girándome para poderle ver.
-Está bien, vamos.
-De ti. – digo intentándome controlar.
-¿Cómo que de mí? – pregunta indignado en esta ocasión.
-¡Oye! Tú te ríes de mí todas las veces que quieres, yo también tengo derecho a reírme de ti de vez en cuando. – le respondo intentando incorporarme pero sus brazos no me lo permiten.
-No te vas. – dice él apretando más fuerte.
-No iba a ninguna parte solo me quería poner derecha.
-Pues no quiero. – termina diciendo como un niño caprichoso.
-¿Y si vamos a casa? – pregunto.
-No, ¿por qué? – se queja.
-Porque quiero ver que hacen estos. – digo girándome para poderle ver.
-Está bien, vamos.
Muy a mi pesar nos levantamos. Je empieza a hacer
tonterías para evitar ir. Claro está que no lo consigue, quiero ir a ver como
están los demás. No he dado señales de vida desde que salí por la puerta sin
decir nada. Salimos de su apartamento y me dispongo a abrir el mío. Que raro no
escucha nada. Abro despacio, asomo la cabeza y veo ¡¿QUÉ?!
Justo cuando voy a empezar a gritar, Je me coge rápido
por la espalda y me tapa la boca, mientras que con la otra consigue cerrar la
puerta sin hacer el menor ruido. Vuelve a llevarme a su apartamento mientras yo
hago todo lo posible de zafarme de su agarre en vano.
Consigue meterme en su casa a pesar de que no paro de
hacer todo lo posible para que me suelte y no dejo de gritar aunque todos los
gritos quedan ahogados a causa de su mano.
-Marta, como no te relajes no te suelto. – me dice una
vez ya en el interior de su casa.
Intento poner en relajación el cuerpo para que note que
me estoy tranquilizando y dejo de gritar.
-¿Puedo soltarte? – pregunta y me limito a asentir con
la cabeza.
-¡Yo los mato! – grito en cuanto me suelta y salgo corriendo hacia la puerta.
-¡Yo los mato! – grito en cuanto me suelta y salgo corriendo hacia la puerta.
Me quedo en el intento de huida asesina cuando Je me
empotra contra la puerta de la entrada y vuelve a taparme la boca.
-Tú no vas a ningún lado. – empieza a decirme – Te vas a
estar aquí quietecita, ¿vale? – continúa diciendo sin soltarme por lo que me
limito a asentir la cabeza – Y no vas a gritar ni hacer ninguna tontería. –
termina diciendo sin quitar el contacto visual y yo continúo asintiendo
despacio.
Finalmente me suelta y
me lleva de nuevo al sofá.
-¿De verdad que no puedo ir a degollarlos? – pregunto.
-¿Cuál es tu problema? – pregunta sin responderme.
-¿Mi problema? – no entiendo.
-Sí, tú problema. – me dice serio.
-Yo no tengo ningún problema. – digo empezándome a cabrear – Son ellos los que tienen el problema.
-No Marta, ellos no tienen ningún problema. Eres tú la que todo lo ve mal y nada te parece bien o correcto. – vuelve a hablarme serio y seco – Ellos no están haciendo nada malo.
-¿Cuál es tu problema? – pregunta sin responderme.
-¿Mi problema? – no entiendo.
-Sí, tú problema. – me dice serio.
-Yo no tengo ningún problema. – digo empezándome a cabrear – Son ellos los que tienen el problema.
-No Marta, ellos no tienen ningún problema. Eres tú la que todo lo ve mal y nada te parece bien o correcto. – vuelve a hablarme serio y seco – Ellos no están haciendo nada malo.
No puedo evitar cruzarme de brazos en el sofá, la mirada
de Je me fulmina. Intento tranquilizarme y pensar con la cabeza fría. ¿Cómo
hemos llegado a esto? ¿Cómo he podido permitir que pase algo así? Siento como
se frunce el ceño. Estoy cabreada, pero conmigo misma. Esto es mi culpa.
-¿Qué piensas? – me pregunta él.
-Que la he jodido eso pienso. – respondo cortante.
-Ahora no te entiendo. – continúo contrariado.
-Es lo mismo de siempre Je. – digo llevándome a la cabeza – ¿Voy a solucionar algo si me pongo como una loca y entro ahí y me pongo a dar voces? No. Pues ya está, se acabó, cada cual que apechugue con lo suyo. – finalizo cabreada.
-No te lo crees ni tú que lo vas a dejar estar. – me vuelve a decir él – Pero sí, deberías dejarlos en paz.
-¿Cómo pretendes que lo deje estar? – le pregunto mirándole a los ojos a espera de una respuesta.
-Tú misma lo has dicho, es lo mismo de siempre. No pue…
-¡Espera! – le corto en mitad de la frase – ¿Dónde estaban las demás? – pregunto contrariada.
-Pues, no lo sé… - responde él igual que yo.
-Que la he jodido eso pienso. – respondo cortante.
-Ahora no te entiendo. – continúo contrariado.
-Es lo mismo de siempre Je. – digo llevándome a la cabeza – ¿Voy a solucionar algo si me pongo como una loca y entro ahí y me pongo a dar voces? No. Pues ya está, se acabó, cada cual que apechugue con lo suyo. – finalizo cabreada.
-No te lo crees ni tú que lo vas a dejar estar. – me vuelve a decir él – Pero sí, deberías dejarlos en paz.
-¿Cómo pretendes que lo deje estar? – le pregunto mirándole a los ojos a espera de una respuesta.
-Tú misma lo has dicho, es lo mismo de siempre. No pue…
-¡Espera! – le corto en mitad de la frase – ¿Dónde estaban las demás? – pregunto contrariada.
-Pues, no lo sé… - responde él igual que yo.
Je se sienta a mi lado. Y pasamos el resto de la tarde
hablando de mil cosas diferentes intentando evitar el tema de siempre. Cuando
se acerca la hora de cenar pensamos en ir a cenar con el resto, pero no sabemos
el cuadro que nos podemos encontrar.
-Bueno, vamos y llamamos a la puerta. – me dice Je.
-¿Y si interrumpimos algo? – pregunto.
-Hace un rato querías entrar ahí y matarlos. – continúa diciéndome – ¿Ahora te preocupa interrumpir algo?
-¡Ay! Yo que sé, vamos de una vez. – digo saliendo de su apartamento.
-¿Y si interrumpimos algo? – pregunto.
-Hace un rato querías entrar ahí y matarlos. – continúa diciéndome – ¿Ahora te preocupa interrumpir algo?
-¡Ay! Yo que sé, vamos de una vez. – digo saliendo de su apartamento.
Cuando nos acercamos a la puerta oímos ruido por lo que
no nos paramos a llamar y abro directamente. No encontramos solo a Ari hablando
por teléfono con alguien en coreano. Nos quedamos parados en la puerta para no
interrumpir la conversación.
-Mañana no tenemos
nada que hacer. – dice ella – No sé
tendré que preguntárselo. – continúa con su monólogo – No puedo, ahora no están. Pues no sé, pero no están. – continúa diciendo
haciendo después una larga pausa – Bueno,
espero que nos veamos mañana. Adiós oppa. Y yo. – finaliza cortando la
llamada – ¡Oh! – exclama Ari al vernos a Je y a mí – ¿Dónde estabais?
-En mi casa. – responde Je.
-¿¡Ari vienes a comer!? – se oye a Silvia desde la cocina.
-¡Sí! – responde.
-¿¡Ari vienes a comer!? – se oye a Silvia desde la cocina.
-¡Sí! – responde.
Vamos los tres a la cocina. Habían ido al McDonald’s a
comprar la cena.
-¿De
dónde habéis sacado esto?
-Hemos ido a comprarlo por la tarde. – dice Luchi.
-Hemos ido a comprarlo por la tarde. – dice Luchi.
Ahora todo encaja, ya sabemos porqué se había quedado
sola la maknae con Soo Ki. Je nota como me tenso y me sujeta la mano que ahora
se cierra en un puño. Tranquilidad Marta. No tiene sentido alterarse.
-Toma
oppa tu móvil. – dice Ari dándole su teléfono.
-¿Hablaste ya con Dong Ri? – pregunta él.
-Sí, me dijo de quedar mañana. – responde ella buscando su comida entre las bolsas.
-¿Y vas a quedar con él? – pregunta Silvia.
-Yo había pensado en quedar todos. – dice Ari.
-Yo mañana no puedo. – dice Soo Ki.
-¿Por qué no? – pregunta la maknae con un puchero.
-Mi madre me reclama. – dice sonriendo.
-¿Hablaste ya con Dong Ri? – pregunta él.
-Sí, me dijo de quedar mañana. – responde ella buscando su comida entre las bolsas.
-¿Y vas a quedar con él? – pregunta Silvia.
-Yo había pensado en quedar todos. – dice Ari.
-Yo mañana no puedo. – dice Soo Ki.
-¿Por qué no? – pregunta la maknae con un puchero.
-Mi madre me reclama. – dice sonriendo.
Creo que me estoy empezando a poner mala. Ya no es estar
cabreada, no. No tiene caso cabrearse. Quizás sí. ¡Me voy a volver loca! No,
eso ya lo estoy… ¡Aish!
-Me
ha dicho que si queríais venir que también le avisara para decírselo a Soo Bin
oppa y a Rae Seok oppa. – continúa Ari.
-Pues entonces yo me apunto. – dice animada Silvia.
-Yo también. – dice Luchi.
-Vale, ¿puedes avisarle tú oppa? – dice Ari refiriéndose a Soo Ki.
-Claro que sí. – responde cogiendo su móvil y empezando a escribir un mensaje.
-¿Vosotros venís? – pregunta la maknae.
-Yo no tengo nada que hacer. – dice Je mientras busca su cena.
-Perfecto. – dice Luchi dándole su comida perdida - ¿Y tú Marta?
-¿Yo? No sé, a ver como me despierto mañana. – digo sin entender muy bien mi actitud.
-¿Te pasa algo? – pregunta Silvia.
-Creo que me voy a ir a dormir. Lo siento. – digo dejando mis patatas en la mesa de las cuales solo me había comido tres.
-Pero si no has cenado. – dice Ari.
-No importa, coméroslo vosotros. – digo quitándole importancia – Que aproveche y paséis buena noche.
-Pues entonces yo me apunto. – dice animada Silvia.
-Yo también. – dice Luchi.
-Vale, ¿puedes avisarle tú oppa? – dice Ari refiriéndose a Soo Ki.
-Claro que sí. – responde cogiendo su móvil y empezando a escribir un mensaje.
-¿Vosotros venís? – pregunta la maknae.
-Yo no tengo nada que hacer. – dice Je mientras busca su cena.
-Perfecto. – dice Luchi dándole su comida perdida - ¿Y tú Marta?
-¿Yo? No sé, a ver como me despierto mañana. – digo sin entender muy bien mi actitud.
-¿Te pasa algo? – pregunta Silvia.
-Creo que me voy a ir a dormir. Lo siento. – digo dejando mis patatas en la mesa de las cuales solo me había comido tres.
-Pero si no has cenado. – dice Ari.
-No importa, coméroslo vosotros. – digo quitándole importancia – Que aproveche y paséis buena noche.
Según salgo de la cocina puedo notar como las miradas se
quedan fijas en mi nunca, pero una de ellas siento que me fusila. No le doy
importancia y me voy a la habitación. Me cambio y una vez que tengo puesto el
pijama me voy a mi respectivo futón. Sé perfectamente que no me voy a dormir
porque no tengo ni pizca de sueño. Pero ahí está mi móvil para hacerme
compañía. Me pongo la música alta para que me explote el cerebro y lo oídos. En
verdad odio la música alta, pero hoy es uno de esos días en que quieres te
explote la cabeza.
Empieza el aleatorio, pero como siempre me vacila. Me
pone todas las canciones lentas y hoy no quiero eso, necesito canciones que me
anulen los pensamientos y sean animadas. ¡Uy! Parece que por fin, el móvil me
entiende y me pone Michi Go. Me vuelvo loca yo sola en el futón. Cuando acaba
la canción me dan ganas de reírme de mi misma. Después suena Gara Gara Go y
Wolf, hasta que el reproductor me fastidia el momento cuando suena In My World.
Al cuerno con la canción, Tonight, mucho mejor. Luego mi aleatorio decide poner
Ain’t No Fun, no está mal y continúa con Two Moons y Crayon. Me vuelve a joder
cuando suena la balada de Zhoumi. Yo misma pongo Fantastic Baby y que luego
siga decidiendo el aleatorio. Pero no, después salta Café… Creo que voy a ir al
baño.
Cuando estoy a punto de salir por la puerta de la
habitación oigo como se despiden las chicas de nuestros invitados. Por lo que
no salgo. Me quedo a la espera de que se vayan. Cuando lo hacen y estoy a punto
de salir oigo como la maknae se empieza a volver loca.
-¿Qué ha pasado Olga? – pregunta Silvia emocionada.
-Venga, no te hagas de rogar y cuéntanos de una vez. – dice Ari.
Lo único que consiguen es que la maknae vuelva a hacer
un montón de ruidos que no se entienden nada.
-Olga, relájate y cuéntanos que ha pasado. – vuelve a
decir Silvia.
-Es que, no sé como empezar. – dice la maknae.
-Nos hemos ido a comprar, ¿y luego? – dice Luchi en esta ocasión.
-Pues estuvimos hablando. – responde la maknae.
-¿Pero hablando de qué? – pregunta Ari – ¡Cuéntanos sin que te tengamos que sacar las palabras con sacacorchos!
-A ver, estuvimos hablando de que me gusta cantar y demás. – empieza a decir la maknae – Y bueno no sé como ni de que manera pero me… Bueno, más bien nos…
-¡¿Lo habéis hecho?! – salta Silvia cortándola y automáticamente se me frunce el ceño.
-¡Tsss! – salta la maknae - ¡Claro que no!
-¿Y qué pasó entonces? – pregunta Ari.
-El caso es, que de un momento a otro me besó o nos besamos o no sé… - dice la maknae y se crea un momento de silencio.
-¡AHHH! –salta Luchi – ¿Y qué tal?
-¡Tsss! – vuelve a decir la maknae.
-¿Por qué haces ”Tsss”? – pregunta Silvia.
-No quiero que Marta se despierte. – responde.
-Estoy despierta. – digo en un susurro desde dentro de la habitación para que no me oigan.
-¿Vas a decírselo? – pregunta Ari.
-¿El qué? – pregunta la maknae.
-Lo de Soo Ki oppa. – responde Ari.
-¿A quién? – vuelve a preguntar la maknae.
-A Marta. – responde una vez más Ari perdiendo la paciencia.
-¡Ah! Pues no sé, ¿debería? – pregunta la maknae.
-Pues digo yo, ¿no? – dice Luchi.
-No sé, hoy ha estado muy rara. – dice Silvia.
-Tengo miedo de que se enfade. – dice la maknae.
-¿Por qué debería enfadarme? – pregunto irónica en otro susurro desde la habitación.
-No creo que se enfade. – dice Ari.
-Es Marta, todo puede pasar. – continúa Silvia.
-¿Qué le habrá pasado con Je oppa? – pregunta Ari.
-Pues no tengo ni idea. – responde Luchi.
-Ya se lo contaremos más adelante, ¿vale? – finaliza la maknae, en lo que todas estén de acuerdo.
-Es que, no sé como empezar. – dice la maknae.
-Nos hemos ido a comprar, ¿y luego? – dice Luchi en esta ocasión.
-Pues estuvimos hablando. – responde la maknae.
-¿Pero hablando de qué? – pregunta Ari – ¡Cuéntanos sin que te tengamos que sacar las palabras con sacacorchos!
-A ver, estuvimos hablando de que me gusta cantar y demás. – empieza a decir la maknae – Y bueno no sé como ni de que manera pero me… Bueno, más bien nos…
-¡¿Lo habéis hecho?! – salta Silvia cortándola y automáticamente se me frunce el ceño.
-¡Tsss! – salta la maknae - ¡Claro que no!
-¿Y qué pasó entonces? – pregunta Ari.
-El caso es, que de un momento a otro me besó o nos besamos o no sé… - dice la maknae y se crea un momento de silencio.
-¡AHHH! –salta Luchi – ¿Y qué tal?
-¡Tsss! – vuelve a decir la maknae.
-¿Por qué haces ”Tsss”? – pregunta Silvia.
-No quiero que Marta se despierte. – responde.
-Estoy despierta. – digo en un susurro desde dentro de la habitación para que no me oigan.
-¿Vas a decírselo? – pregunta Ari.
-¿El qué? – pregunta la maknae.
-Lo de Soo Ki oppa. – responde Ari.
-¿A quién? – vuelve a preguntar la maknae.
-A Marta. – responde una vez más Ari perdiendo la paciencia.
-¡Ah! Pues no sé, ¿debería? – pregunta la maknae.
-Pues digo yo, ¿no? – dice Luchi.
-No sé, hoy ha estado muy rara. – dice Silvia.
-Tengo miedo de que se enfade. – dice la maknae.
-¿Por qué debería enfadarme? – pregunto irónica en otro susurro desde la habitación.
-No creo que se enfade. – dice Ari.
-Es Marta, todo puede pasar. – continúa Silvia.
-¿Qué le habrá pasado con Je oppa? – pregunta Ari.
-Pues no tengo ni idea. – responde Luchi.
-Ya se lo contaremos más adelante, ¿vale? – finaliza la maknae, en lo que todas estén de acuerdo.
¡Perfecto! Ahora no me lo quieren contar… ¡PUES QUE
SEPAS MAKNAE QUE LO HE VISTO CON MIS PROPIOS OJOS! Si es que tendría que haber
entrado a matarlos en su momento.
Recuerdo el porqué estaba al lado de la puerta,
necesitaba ir al baño. Para que las demás no sospecharan me revolví el pelo y
me quité las gafas y fui al baño con los ojos medio cerrados y el ceño fruncido
ignorando que ellas estaban en el salón.
-¿No dormías Marta? – pregunta Silvia.
-Sí. – respondo – Pero quería ir al baño.
-Sí. – respondo – Pero quería ir al baño.
No quise decir más y tampoco escuchar más. Me metí en el
futón y me puse la música de nuevo, pero ahora la lista de reproducción para dormir.
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